Entre sus brazos.
Vuelvo a ellos.
Avara, estúpida, arrepentida.
Siempre en los brazos.
Caricias de musgo, vello verde.
Vuelvo a sus brazos melancólica.
Vuelvo a su sueño
que es el mío.
JCA
viernes, 9 de diciembre de 2011
miércoles, 7 de diciembre de 2011
PRECIOUS
Hoy que no tengo historias que contar, ni palabras para compartir (abandonado el blog por la fiebre de las novelas, tres, que escribo al mismo tiempo), recurro a esta magnífica foto de Jose.
Ahí esta todo. Sólo hay que meterse dentro de la boca, pasearse por esas sombras de polvo negro, disfrutando de las perlas y de la magnífica peluca.
Ahí está todo, insisto. ¿Acaso no lo ves? ¿Acaso no tienes ojos?
Las fotografías de Jose también cuentan la historia. La misma historia.
JCA
miércoles, 26 de octubre de 2011
LA MUJER BARBUDA
La inquietud le abre el vientre como una katana,
le hace sentir la brisa que cruzasu cuerpo, antes frontera.
Y piensa que en algún lugar
todo es posible.
JCA
martes, 18 de octubre de 2011
En la ventana
Me gustaría alcanzarte,
llegar contigo hasta ese cruce de caminos
en el que tú inicias tu vuelo raso.
JCA
lunes, 10 de octubre de 2011
AZCARATE
Ladis se llevó el dedo índice a los labios, pidiéndole silencio.
— No debe de ser fácil morirse, chico.
Ahora el negro había acertado de lleno. Tenía razón. ¿Qué sabía Inaxio de la muerte?
— Además, cada cual tiene sus manías. ¿O no?
A Inaxio no le gustó como le miraba el negro en ese momento. Había algo turbio en su mirada, que no llegaba a entender.
— ¿Cuáles son tus manías, chico? ¿Cuáles son tus deseos?
Ladis, como siempre que bebía, sonreía demasiado. En ese momento, al hacerle esas preguntas tan enigmáticas, le pasó el brazo por los hombros a Inaxio, que se sintió nervioso antes tales muestras de camaradería. No se atrevió a alejarse de él, a retirar su pesado brazo de su cuello. No quería que el negro se enfadara. Le parecía fascinante. Y también... También le daba un poco de miedo. No olvidaba que Ladis llevaba siempre la navaja en su bolsillo. Una navaja que, estaba seguro, utilizaría sin dudarlo si lo requería la ocasión.
— Yo no tengo ningún deseo –dijo levantándose de la silla.
— ¿Cómo que no?
Ladis le agarraba del brazo para impedir que se alejara de él. Ese día el negro estaba más borracho de lo habitual.
— Todo el mundo tiene deseos, chico –dijo Ladis-. Pero algunos no son demasiado buenos, eso es todo.
Cuando el negro le soltó, Inaxio se acercó a la barra con alivio. Nadie parecía haberse dado cuenta de nada. Sólo él. Sólo su corazón que latía con una fuerza inusitada.
Estos párrafos pertenecen a La última voluntad de Azcárate, novela corta que ha obtenido el segundo premio de El Fungible, certamen literario de Alcobendas.
http://www.enalcobendas.es/noticias/2011/10/03/7767/el-jurado-del-certamen-el-fungible-de-alcobendas-decide-los-ganadores
JCA
jueves, 22 de septiembre de 2011
BALLENAS
Santi, Santi. ¿Qué fueron antes los sueños, o las historias? ¿Hay realmente un principio, un sentido? Tú decías que no. Que las cosas simplemente pasan y somos nosotros los que las interpretamos. Somos músicos tarareando una canción que nace en nuestra cabeza. Yo insistía. ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿La canción o las ganas de cantar? ¿Qué fue antes, tú hablándome de la sangre roja que teñía el mar, o mi ansia por escuchar esas historias, como si ya las conociera, como si hubieran estado en mí desde mucho tiempo antes? Tú fuiste el primero que me habló de las ballenas, como a ti te había hablado tu abuelo. Las historias pasan de boca en boca, y quién sabe hasta dónde crecen y se deforman. Las historias son como el mar; inabarcables y profundas. Y cuando yo cuento la historia, como ahora la cuento, se vuelve mía y se transforma. Quizás no se parece en nada a lo que me contabas tú Santi, y sin embargo es la misma. Siempre es la misma historia.
JCA
viernes, 2 de septiembre de 2011
UNA NOCHE MÁS
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| Gehard Demetz |
de las palabras engullidas.
Se tragó un discurso entero,
ansiosa,
sin ni siquiera beber agua.
Pegados a sus labios, como fideos,
dos letras muestran
su naturaleza invertebrada.
Empachada de literatura duerme
un sueño mudo y vacuo.
Cuando retiro el flequillo de sus ojos,
descubro una metáfora escondida.
Las sinalefas reptan por su espalda.
Llueven tildes sobre su esqueleto
y de su nariz brota un aire cálido,
repleto de fonemas.
Rabioso de adjetivos,
celoso hasta la médula,
acaricio desesperado sus pies fríos.
Y mientras ella, ajena,
deambula en su mundo onírico,
el libro culpable descansa en su regazo
con su aire dócil y felino.
JCA
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